lunes, 29 de abril de 2013

¿Grafología en Internet?

No, no me refiero a realizar un cursillo on line, estoy hablando de algo muy diferente, de conocer el carácter de la persona a través de sus escritos, posts en su mayoría.

Ya sé que puede argüirse la imposibilidad de tal empeño puesto que la escritura no es de puño y letra, pero asesorada por un amigo mío, grafólogo profesional ya jubilado, me he decidido a escribir este artículo que imagino va a sorprender a más de un lector/a.

En Internet, la personalidad del individuo traspasa la frialdad de la letra de molde y revela, aun en la carta más seria, no hablo de correo comercial ahora, su carácter. La repetición de la palabra YO por ejemplo, a la que suele acompañar cierto tonillo despectivo y prepotente, y sobre todo la reiteración de la palabra BASTANTE para describir algo a lo que pretende darse el visto bueno de una manera condescendiente: "está bastante bien".

El extremo opuesto lo tenemos en quien, por el contrario es tímido y todo se le va en poner jeje, y usar un lenguaje de tipo juguetón e infantil (eso no tiene nada que ver con las personas bromistas y guasonas a las que ya se conoce como tales). Escribir con mayúsculas sin que venga a cuento, puede indicar que la persona quiere hacerse notar, o, por el contrario, que no es muy ducho en el manejo del teclado, también que es una persona mayor y está algo sorda.

El lenguaje abreviado hasta convertirlo casi en jeroglífico, puede provenir o de una persona muy joven o de un/a esnob.

Ahora bien, lo más interesante ha sido para mí, la explicación de cómo se consigue descubrir al autor/a de cartas anónimas insultantes o amenazadoras, personaje que puede ser incluso un "amigo" nuestro en Facebook. Lógicamente a un perfecto desconocido no lo vamos a poder identificar por más que sí revele su condición de indeseable sin nombre.

Todas las personas tienen su manera de escribir, no sólo los novelistas, repiten unas determinadas palabras sin darse cuenta, construyen los párrafos a su manera, ponen las comas de una forma característica, equivocada o no, y su sintaxis es propia e intransferible por muchas faltas de ortografía que puedan meter para disimular, y luego está el estilo, inconfundible si son muchos los que reciben las cartitas de el tal individuo/a, la colocación de los renglones, el interlineado, y la reiteración de los mismos insultos, hasta dispuestos por el mismo orden siempre.

Pero lo más importante para descubrir al anónimo es que éste siempre comete algún error por donde se le puede desenmascarar, claro que para que ello suceda hay que ser un experto o una persona muy observadora y que le conozca lo suficiente aunque sea a través de las redes sociales.

Estas técnicas de investigación suelen también emplearse para solventar dudas acerca de litigios sobre autoría de textos. Alguien afirma que un determinado texto fue escrito por el autor X pero un análisis exhaustivo revela que es obra de quien así habla por más que el interesado lo niegue, lo cual me induce a recordar aquello que llegó a rumorearse del hijo de Julio Verne, Michel, o sea, que se había dedicado a rescribir las obras incompletas dejadas por su padre al morir, ampliando textos y copiando estilo, pero nadie entonces se dio cuenta del cambiazo o prefirieron desentenderse ya que el nombre Julio Verne, aun desaparecido el novelista, seguía siendo muy rentable. Tal rumor, o la duda, nacerían mucho después y ha llegado hasta nuestros días convertido en leyenda.

La pregunta pertinente a hacerse ahora sería, ¿nadie se dio cuenta de que la letra no era la misma o bien Michel se hizo pasar por el amanuense de su progenitor?
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¿GRAFOLOGÍA EN INTERNET? Copyright 2013 Estrella Cardona Gamiohttp://lacomunidad.elpais.com/estrellacardonagamio/2013/4/29/-grafologia-internet-

domingo, 31 de marzo de 2013

Relatos ¿un género literario menor?

El abrigo de Clark Gable y otros relatos
No lo creo, para mí es un género mucho más difícil que el de cualquier novela, porque ésta permite más espacio para el desarrollo de cualquier argumento y por ende facilita un juego amplio de posibilidades que redondeen descripciones permitiendo profundizar y hasta extenderse tranquilamente. El relato, por el contrario, es una pequeña obra de artesanía si se sabe escribir, y no todos saben hacerlo, incluso un buen novelista puede ser un pésimo cuentista y viceversa.

Escribir un relato corto es un ejercicio de equilibrio que poseen autores tan ilustres como Chejov, Katherine Mansfield y Daphne du Maurier entre otros muchos, igualmente también se ha distinguido Frederick Forsyth el conocido autor de largos best sellers, y en su caso el mérito es doble ya que aúna relato y novela sin que ninguno de los dos se resienta. Otro caso excepcional fue Emilia Pardo Bazán autora de novelas magistrales y de 600 relatos perfectos, o bien Pedro Antonio de Alarcón, y en Catalunya Mercè Rodoreda.

Escribir un relato precisa de una gran capacidad de síntesis sin que ello menoscabe la claridad del texto y esto me lleva a recurrir a otro nombre glorioso en el mundo de las letras, el de Agatha Christie con sus innumerables relatos cortos tan admirables. Hay muchos nombres que brillan en este género pero lamentablemente no tengo espacio para mencionarlos a todos porque, de lo contrario, el artículo se iba convertir en un listín y no es el caso.

El esquema de un relato es muy sencillo y es en esa sencillez donde estriba su dificultad precisamente, el comienzo es lo de menos, lo importante es el nudo seguido de un desenlace de impacto que remate dignamente las expectativas puestas en él, y también hay que tener en cuenta la extensión de la pequeña obra, y digo bien pequeña sin que incurra en una exagerada brevedad ya que entonces se convertiría en un micro relato, muy dignos de alabanza pero que no son el tema que nos ocupa ahora.

Un relato puede contar 30 o 40 o 50 páginas, y seguir siéndolo pero nunca una novela corta será un relato, eso hay que tenerlo en cuenta. Además sus características son muy concretas: la historia ha de poseer la intriga suficiente como para concluir en un desenlace de impacto, vuelvo a repetir, eso es condición imprescindible.

Me gustaría terminar el presente artículo con la mención a una auténtica joya del género cuya autora es Susan Vreeland, o sea la titulada La joven de azul jacinto.

Sus relatos fueron escritos por separado y a medida que se publicaban no componían los capítulos de un libro, pero si guardaban un nexo de unión entre sí; todo sucedía, a través de los siglos, relacionado con un cuadro, el verdadero protagonista del argumento, sin embargo, se podían leer individualmente e incluso no por orden cronológico sin que el conjunto se resintiera. Descubrir este librito, y leerlo, es un auténtico placer que no dudo en recomendar.

A mí me gustan mucho los relatos, leerlos y escribirlos, he tenido buenos maestros por mediación de la lectura, y por ello me tomo la libertad de colocar aquí la portada de uno de los libros publicados en papel, El abrigo de Clark Gable y otros relatos, libro que se editó hace varios años y cuyo título pertenece a una historia real acaecida en Barcelona allá por los 50 del pasado siglo y que era totalmente desconocida... o al menos lo fue, antes de ser publicada.
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RELATOS ¿UN GÉNERO LITERARIO MENOR? Copyright 2013 Estrella Cardona Gamio http://lacomunidad.elpais.com/estrellacardonagamio/2013/3/31/relatos-un-genero-literario-menor-

viernes, 8 de marzo de 2013

Día Internacional de la Mujer

La trampa de ser mujer por Estrella Cardona Gamio
Olympe de Gouges escribió lo que sigue hace más de 200 años. Era una ciudadana revolucionaria que pagó con su cabeza el no serle grata a Robespierre. Ardiente defensora de los derechos de la mujer, su corta vida estuvo consagrada a ello, honremos su memoria con nuestro respetuoso recuerdo.

“Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la majadería y la usurpación. El hombre esclavo ha multiplicado sus fuerzas y ha tenido necesidad de recurrir a las tuyas para romper sus cadenas. Liberado, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Cuáles son las ventajas que habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más señalado. En el transcurso de los siglos de corrupción, vosotras sólo habéis reinado sobre la debilidad de los hombres. Vuestro imperio es destruido; ¿qué os queda entonces?, la convicción de las injusticias del hombre. La reclamación de vuestro patrimonio, fundado sobre los sabios decretos de la naturaleza; ¿qué tendríais vosotras que temer de una tan noble empresa, las buenas palabras del legislador de las Bodas de Cannaán? ¿Creéis a nuestros legisladores franceses, correctores de esa moral largo tiempo vigente, pero ya trasnochada, cuando nos repiten: mujeres, ¿qué hay de común entre nosotros y vosotras? Todo, tendríais que responder. Si ellos se obstinan, en su debilidad, colocando esta inconsecuencia en contradicción con sus principios, oponed valientemente la fuerza de la razón a sus vanas pretensiones de superioridad, reunios bajo el estandarte de la filosofía, desplegad toda la energía de vuestro carácter, y veréis pronto a estos prepotentes, nuestros serviles adoradores, arrastrándose a vuestros pies, pero orgullosos de compartir con vosotras los tesoros del Ser Supremo. Cualesquiera sean las barreras que se os opongan, está en vuestro poder derribarlas; sólo tenéis que querer.”

Enlaces relacionados:

jueves, 28 de febrero de 2013

En el bicentenario de Orgullo y prejuicio

El 28 de enero se cumplieron 200 años de la publicación de Orgullo y prejuicio de Jane Austen con homenaje de sello de correos incluido. Que yo sepa, a las hermanas Brontë nadie les ha hecho un homenaje semejante todavía, no ya por su bicentenario, el de Emily será el 2048, sino con motivo de cualquier otro evento, aunque tal vez en el 2018 editen un sello conmemorativo de su nacimiento.

Si enfrentamos a Jane Austen con Emily, nos encontraremos con los dos polos opuestos, el romanticismo de pastelería de la Austen opuesto a la rudeza de Brontë con sus personajes de una pieza y tremendamente vivos a pesar del tiempo transcurrido, pero hay gustos para todo y por ello Jane no sólo triunfó en su época sino que continúa haciéndolo con sus novelitas rosa, verdaderamente rosa eso sí, los amores encorsetados de Elisabeth y Darcy parecen ser el prototipo de toda una generación de novelas románticas aptas para un público determinado que no ha pasado de moda en doscientos años.

El tema del amor y el matrimonio, o cómo pescar marido como único objetivo en la vida de una mujer, ha variado muy poco en tanto tiempo y de ahí la continuidad de su éxito. Porque Jane Austen sólo tiene un objetivo en su vida, y por ende en la de sus personajes, casarse, cosa que ella no consiguió nunca pese a todos sus esfuerzos, de ahí que volcara ese anhelo en las novelas que escribía, en lo más parecido a un conjuro.

Una contemporánea suya, Mary Russell Mittford, comentó en una carta que su madre había dicho de la novelista, que era la más bonita, tonta, afectada mariposa cazamaridos que recordaba haber visto nunca.

Y Ralph Waldo Emerson, escribió:

No logro entender por qué la gente tiene las novelas de Miss Austen en tan alta estima, ya que a mí me parecen vulgares tonterías, estériles en imaginación artística, prisioneras de las despreciables convenciones de la sociedad inglesa, carentes de genio, talento y conocimiento del mundo. Nunca la vida fue tan mezquina y estrecha. El único problema en la mente de la escritora... es llegar al matrimonio.

¿Para que continuar? Un par de opiniones que nos merecen todo el respecto ya que son de primera mano y hechas por personas que saben de lo que hablan. Tal vez el mejor retrato de una escritora que si bien nos legó imágenes y costumbres de la sociedad de su tiempo, no puede escapar de un análisis desapasionado y exhaustivo.
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EN EL BICENTENARIO DE ORGULLO Y PREJUICIO Copyright 2013 Estrella Cardona Gamio
http://lacomunidad.elpais.com/estrellacardonagamio/2013/2/28/en-bicentenario-orgullo-y-prejuicio

jueves, 31 de enero de 2013

Llamaradas solares

Vivimos con permiso del enterrador y no lo sabemos, siempre ha sido así pero ahora se agudiza, tal vez porque ahora están concurriendo una serie de circunstancias que a cada nueva semana lo van intensificando y no lo digo para que cunda el pánico ya que obras son amores.

Si miramos al cielo, aparte de que esté azul de día y estrellado de noche cuando no hay luna, la mirada es de recelo cuando no temor: el sol lanzando llamaradas cada vez más largas en evidencia de una desusada actividad que va coincidiendo con antiquísimos cálculos mayas de cariz apocalíptico, y por si esto fuera poco, el firmamento convertido en amenaza al transformarse en lugar de tránsito de juguetones meteoritos, asteroides o lo que guste mandar el cosmos. Dicen que el 15 de febrero uno de ellos pasará casi rozando la Tierra, cómo si ya no tuviéramos suficientes preocupaciones, ¿y luego qué, la nada o más de lo mismo?

Cuando la Tierra era muy joven, y no había gente sino antepasados animales del hombre, las catástrofes geológicas y lo que nos podía caer del cielo, estaban a la orden del día, pero era lo normal y la vida que pululaba en nuestro planeta ni podía predecirlo ni podía intentar tomar medidas, sucedía y ya está, desaparecían especies, se desarrollaban otras, así pasó el Cámbrico con la extinción del rey de lo océanos, el temible y feroz calamar gigante, mucho más temible y feroz que los propios dinosaurios cuando les tocó el turno de aparecer, y la vida fluía, desgarradamente sentando indelebles arquetipos de lo que luego se convertirían en espantables profecías hechas de recueros inconscientes.

¿Quién puede evitar una catástrofe sideral?, ni siquiera el mismísimo Bruce Willis en su papel de salvador del planeta. Tanto progreso tanto misil y a la hora de la verdad nos hallamos totalmente indefensos.

Tristemente es así, no somos los reyes de la creación sino una especie más, también con fecha de caducidad, y ahora ¿quién será el próximo heredero, las ratas?

Para la prepotencia del ser humano creyendo incluso que es la única entidad inteligente, no ya de la Tierra, sino del universo entero, puede resultarle, si le nombramos antecesor en el puesto de esos insaciables y feroces roedores, algo más que un insulto, y, sin embargo, no es una hipótesis lanzada al vuelo.

Que no existe ser más vanidoso que el humano, lo comprendemos rápidamente contemplando el firmamento a través de un telescopio o bien en las fotos que salen de vez en cuando en la prensa comentando determinadas noticias pero aun y así parece que no basta; somos tan presuntuosos que el universo entero se nos queda pequeño sin darnos cuenta que los pequeños somos nosotros, los habitante de un diminuto planeta que gira en torno a un sol de tercera clase en los suburbios de la Vía Láctea, esa es toda nuestra grandeza y de ahí hasta el infinito contemplándonos el ombligo llenos de suficiencia; somos los más inteligentes, los más capacitados, los reyes de la Creación, lo mejorcito del cosmos. ¿Cómo es que no se nos cae la cara de vergüenza ante tanta prepotencia estúpida? Nos estamos cargando a la Tierra y aún pretendemos ir a colonizar otros planetas, explorar ¿o esquilmar?

Uno de los primeros astronautas que pudieron contemplar la Tierra de lejos comentó, emocionado, que semejaba un punto azul desvalido y vulnerable y que le entraron ganas de protegerlo... No deja de tener cierta ironía el considerar nuestro planeta como una entidad inocua y susceptible de ternura, un mundo donde reina la injusticia, el egoísmo y la malevolencia, donde las guerras son armas de represión y el amor al prójimo un bonito cuento de hadas... Pero el astronauta lo vio inocente, porque se hallaba muy lejos y deseó protegerlo de todo mal... Lástima grande que sus habitantes no puedan apreciarlo de la misma forma, e ignorándolo, estén precipitando su ruina, una destrucción en la cual, las llamaradas solares no sean sino los fuegos de artificio del fin de fiesta.

LLAMARADAS SOLARES Copyright 2013 Estrella Cardona Gamio http://lacomunidad.elpais.com/estrellacardonagamio/2013/1/31/llamaradas-solares

viernes, 18 de enero de 2013

Os cuento...

Os cuento. Se trata de una historia común pero que viene por otros cauces aunque el contenido es similar al de muchos comentarios parecidos.

Esta mañana he recibido una llamada telefónica de una lectora de excepción, una librera ya jubilada cuyo testimonio me ha emocionado al venir de persona con muchos años de lecturas a cuestas. Había leído La otra vida de T. Loure, se la regaló una amiga estas Navidades, libro impreso en el que se encuentra un teléfono de contacto, y le gustó tanto, que no ha podido por menos que decidirse a llamarme directamente, lo cual ha constituido una grata sorpresa, aunque, la verdad, es una pena que no esté en activo ahora porque la recomendaría a sus clientes. Esta señora me ha felicitado con palabras que gustan a cualquier autor; trata la novela de pequeña obra maestra afirmando que me lo decía una persona quien a lo largo de su vida ha leído muchísimo.

Lo ha tratado de libro delicioso, escrito con gran sensibilidad y que nos lleva al mundo ya desaparecido de las novelas de duro, mundo poco conocido para el lector actual. Celebra la descripción de los personajes, incluso en la no descripción de algunos como por ejemplo la del librero Matías, porque Matías es un personaje al que cada lector puede ponerle el aspecto físico que guste siempre acorde con sus propias vivencias personales ya que se trata de un individuo simbólico y entrañable. Pero también hay palabras para el resto, la dueña de la tienda de flores egoísta, codiciosa y explotadora, los hermanos de la protagonista, unos indeseables, luego el editor y su socio don Miguel, personajes muy representativos del mundillo editorial de la época, y por último, lo que ella denomina el toque maestro, la inserción en el texto de varios fragmentos de la “novelitas de duro” escritas por Teresa Loure.

Su comentario final ha sido: Francamente, hacía mucho tiempo que no leía una novela tan bonita, y evocadora de toda una época.

Ya podéis imaginar mi alegría al escucharla, más que sus palabras, el entusiasmo al pronunciarlas, que eso sí no puede reproducirse con la letra impresa. Pocas satisfacciones da la literatura pero de vez en cuando alguien nos hace felices refiriéndose elogiosamente a lo que más aprecia un escritor, su obra.

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